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miércoles, 2 de noviembre de 2011

La Política no es Politiquería


Con el presente artículo no se pretende atacar a nadie en particular, sino  reflexionar sobre la importancia de la política para el fortalecimiento de las instituciones de un país.

La política es la fuerza que mueve los países, ya que muchos  acontecimientos y decisiones importantes se determinan en escenarios  de carácter político. Y es que todo gobierno democrático depende de la política para poder ejercer autoridad y tomar decisiones en beneficios de todos los ciudadanos.

Es importante tener claro que la política tiene relación con el ejercicio del poder, el cual debe garantizar el bienestar de las personas.

Ya que la política se realiza mediante actos libres y voluntarios, ésta debe de tener un fin último. Y éste, según Santo Tomás de Aquino, es el bien común.

En el siglo V antes de Cristo, los griegos, padres de la política, practicaban la política; donde el régimen dominante era la democracia plena. O sea, el pueblo era quien manejaba los hilos de la nación. Es por ello que se crearon las Acrópolis, donde las personas del pueblo tomaban en votación directa las decisiones concernientes a la administración de la ciudad.

Práctica que se fue desarrollando de manera paulatina  hasta que los romanos tomaron como régimen las repúblicas: sociedad democrática, en la cual participaba el pueblo, bajo la representación de los senadores. Quienes velaban por la toma de decisiones con respecto a todo lo concerniente a la administración de Roma.

En la política, siempre se debe de velar por el bien común. El bien del todo. Por lo mismo, es que los medios a utilizar en la política son fundamentales, ya que los mismos no pueden estar viciados. No da lo mismo el tipo de medio que se utiliza en política para llegar al fin. No se debe de pensar en la política como la concepción de Maquiavelo, o sea, “el fin justifica los medios”.

En política, esa consigna no puede o no debe predominar. Ya que si los medios para llegar al fin son intrínsecamente malos,  el fin por más bueno que sea se encontrará viciado.

Por lo mismo, las autoridades que nos van a representar deben ser escogidas por tener una conducta recta dentro de la sociedad y en el ejercicio de la política. Deben ser personas a las cuales se les pueda imitar. De otra manera, con personas o autoridades corruptas que vician los medios y que ejercen de manera incorrecta la potestad que les ha entregado el pueblo, el camino seguro será a una corrupción generalizada. No existirá bien común, sino que, bien para algunos, para aquellos cercanos a esas autoridades.

Es así, como al menos se entiende la política en las naciones democráticas. Ya que la democracia es el gobierno del pueblo y para el pueblo. Es decir, los ciudadanos eligen de manera constante a las autoridades  que los van a representar. Pero esa representación es en beneficio de los electores y no de mutuo propio. Es por lo mismo que en la política se debe estar informado y al tanto de esta misma en cuanto a todas sus aristas.

Ahora, los llamados a ejercer la política son los partidos políticos: grupos organizados de personas que buscan, por medio de la legalidad, ejercer el poder en un país. Por ende, son éstos los llamados a ofrecer las diversas autoridades que el pueblo escogerá para que los represente. Y son estas autoridades, especialmente las del gobierno ejecutivo, quienes ostentarán el uso de la fuerza legítima, ya que ha sido el pueblo, quien con su votación, les ha entregado el uso de la misma. Por ello, es que se dice que el gobierno utiliza la fuerza legítima, ya que está legitimada por el pueblo mediante las elecciones.

Los politólogos estudian la política como ciencia; los políticos la aplican como arte para resolver problemas concretos en beneficio de la comunidad; y los politiqueros ejercen el "arte" de la politiquería en beneficio propio.

Conducir seres humanos es motivarlos, inducirlos, estimularlos y concertar las acciones dispersas y desarticuladas de ellos hacia la consecución de las metas sociales; es dirimir sus intereses contradictorios, garantizar sus prerrogativas y su seguridad, determinar lo que, en relación con un todo, les corresponde en derechos y obligaciones dentro de la vida social.

Por otra parte, la politiquería es la degeneración de la política. Es la pequeña y mezquina política. Si la política tiene una misión noble de consagración al interés nacional y de servicio a los demás, la politiquería es el aprovechamiento egoísta del poder o de la posición pública para fines de simple vanidad o enriquecimiento.

La politiquería carece de grandeza, de proyección histórica, de perspectivas ideológicas. Se desenvuelve en medio de la maquinación, la vulgaridad, el disfraz, los tránsfugas, la ausencia de ideas y la carencia de ideales. Allí agota su acción el politiquero.

La politiquería es un subproducto de la política. Es su degeneración. El oportunismo es uno de los elementos de la politiquería junto con la intriga, la maquinación, el bajo vuelo de las ideas, el inmediatismo de miras y otras particularidades.

Los mejores dotados, los mejores intencionados, los más honestos de los políticos, han sido desplazados del escenario de la política por los menos capaces, por los menos honestos. Los más idealistas han entregado su vida luchando por esa utopía posible en que tanto creyeron. Los más oportunistas han llegado al poder para aprovecharlo en unión de su familia y sus allegados.

El altruismo de los políticos ha sido suplantado por el egoísmo de los politiqueros, la perspectiva histórica por la visión inmediatista de las cosas, y la noble misión de servicio a la colectividad por el aprovechamiento personal.

Con menguadas metas, la politiquería se desarrolla en medio de intrigas, maniobras y bajezas. La falta de preparación y el oportunismo de sus protagonistas es su característica principal.

Ser político es otra cosa. Es una misión trascendental de beneficio público. Es la tarea de conducir los pueblos y administrar su patrimonio correctamente. Es indispensable reivindicar el carácter misional de la política, reconciliarla con los nobles ideales de nuestros mártires, reconciliarla con la ética y proscribir la corrupción en todas sus manifestaciones.

Los malos políticos se encargan fácilmente de denigrar la imagen de la política.


Por: Andy Durán Peralta

viernes, 12 de agosto de 2011

Democracia y Desarrollo Económico

Los países que han alcanzado un sólido desarrollo económico lo han logrado por su organización política, la cual se basa en la participación democrática de la sociedad. Esta participación ha permitido que la voluntad y los intereses populares se reflejen en los proyectos de gobierno, los cuales se han encaminado a satisfacer las demandas de los ciudadanos, propiciando a la vez un crecimiento económico y una distribución equitativa del ingreso y la riqueza.

Donde se ha creado estructuras cerradas de poder, la democracia ha sido abolida o reducida a su mínima expresión y la voluntad popular no ha sido escuchada, el desarrollo económico se ha estancado. 

Una de la causa principal por la que estalló la revolución francesa fue la situación de miseria en que vivía la gran mayoría de la población, provocada por la excesiva concentración de la riqueza en mano de la nobleza real. 

Es claro, pues, que el mejoramiento en las condiciones de vida de la población de un país sólo es posible en la medida que esa población pueda influir en la política económica que establece un gobierno, y esto sólo es posible si hay democracia.

Esto significa que la condición necesaria para el desarrollo económico es la existencia de la democracia, si por democracia entendemos no sólo el respeto al voto popular, sino también la existencia de los canales necesarios para que la sociedad se exprese y sea escuchada, para que participe activamente en la conducción de los destinos del país, de tal forma que la política del gobierno sea el reflejo de la voluntad de la mayoría de un país.

La República Dominicana ha avanzado significativamente en lo que respecta a la democracia y el desarrollo económico.

Sin democracia no hay desarrollo económico. Si la voluntad popular no se expresa en las acciones de gobierno, no hay democracia ni  desarrollo.

Por: Andy Durán Peralta